¿Qué causa el estrés laboral?
- Jorge Reyes García
- 24 mar
- 4 Min. de lectura

El estrés laboral es una de las principales preocupaciones en el ámbito de la salud mental y organizacional. No se trata solo de sentirse abrumado o cansado, sino de una respuesta psicológica y fisiológica compleja ante demandas que la persona percibe como excesivas o difíciles de manejar. Aunque en muchos casos se tiende a responsabilizar únicamente al entorno laboral, o únicamente a la gestión del trabajador, la realidad es que el estrés en el trabajo tiene múltiples causas. Se puede analizar desde tres perspectivas fundamentales: los factores externos, los factores internos y la gestión personal del trabajo.
Factores externos: las condiciones del entorno laboral
Los factores externos son aquellos que provienen del entorno laboral y sobre los cuales el trabajador tiene poco o ningún control. Estas condiciones pueden predisponer al estrés y, si no se manejan adecuadamente a nivel organizacional, pueden convertirse en fuentes crónicas de tensión.
Uno de los principales factores externos es la carga excesiva de trabajo. Cuando una persona debe cumplir con tareas que superan su capacidad real de ejecución en el tiempo disponible, se genera una presión constante que puede derivar en agotamiento y desmotivación. No se trata solo de la cantidad de tareas, sino también de la complejidad de estas y del tiempo que se dispone para realizarlas.
Otro aspecto clave es la falta de liderazgo efectivo. Un mal liderazgo puede manifestarse de diversas formas, como la ausencia de dirección clara, la falta de reconocimiento o la imposición de expectativas poco realistas. Los empleados que no reciben retroalimentación adecuada o que trabajan bajo líderes autoritarios o inconsistentes pueden experimentar altos niveles de estrés debido a la incertidumbre y la sensación de falta de control sobre su propio desempeño.
Las condiciones físicas y organizativas del entorno laboral también juegan un papel crucial. Espacios de trabajo ruidosos, temperaturas inadecuadas, falta de recursos o tecnología obsoleta pueden generar frustración y aumentar el nivel de estrés. Además, aspectos como la cultura organizacional, el ambiente de trabajo y las relaciones interpersonales pueden favorecer o dificultar la gestión emocional del trabajador. Un ambiente hostil, con conflictos frecuentes o una competencia desleal, puede incrementar significativamente el malestar psicológico.
Factores internos: la percepción y la respuesta individual
Aunque las condiciones externas son determinantes, el estrés laboral también tiene un fuerte componente subjetivo. No todas las personas reaccionan de la misma manera ante una alta carga de trabajo o un entorno desafiante. Esto se debe a los factores internos, que están relacionados con la percepción que cada persona tiene de la situación y de sus propias capacidades para afrontarla.
Uno de los aspectos más relevantes es la percepción de sobrecarga. Dos empleados pueden tener la misma cantidad de tareas, pero uno puede sentir que está al límite mientras que el otro lo percibe como un reto manejable. Esta diferencia radica en la evaluación cognitiva que cada persona hace de la situación. Cuando alguien interpreta que las demandas del trabajo superan sus recursos personales, se activa una respuesta de estrés.
Otra variable fundamental es la autoconfianza en las propias habilidades. Cuando una persona duda de su capacidad para enfrentar las exigencias laborales, el estrés se intensifica. La falta de formación, la sensación de incompetencia o el miedo al fracaso pueden hacer que incluso tareas manejables se perciban como amenazantes.
Además, las creencias personales sobre el trabajo también influyen. Aquellas personas que tienen una mentalidad perfeccionista, que sienten que deben cumplir con estándares inalcanzables o que tienen dificultades para delegar, pueden experimentar mayores niveles de estrés. Asimismo, quienes tienen una baja tolerancia a la frustración o una tendencia a la autoexigencia excesiva pueden verse más afectados en contextos laborales demandantes.
Factores de gestión: planificación, organización y desconexión
El tercer componente del estrés laboral tiene que ver con la forma en que se organiza y gestiona el trabajo. Más allá de las condiciones externas y la percepción interna, la manera en que cada persona estructura sus tareas y administra su tiempo influye significativamente en su nivel de estrés.
Uno de los errores más comunes es la falta de planificación. Cuando las tareas se abordan sin una estrategia clara, es fácil sentirse desbordado. La procrastinación, el manejo ineficaz del tiempo y la ausencia de prioridades pueden hacer que el trabajo se acumule y que las fechas límite se conviertan en una fuente de presión constante.
Otro aspecto crítico es la incapacidad para establecer límites entre el trabajo y la vida personal. En la actualidad, con la tecnología facilitando la conectividad permanente, muchas personas tienen dificultades para desconectar fuera del horario laboral. Revisar correos electrónicos por la noche, llevar trabajo a casa los fines de semana o estar disponible en todo momento contribuye a una sensación de fatiga continua y dificulta la recuperación del estrés acumulado durante la jornada.
Además, la falta de estrategias de organización puede hacer que el trabajo se vuelva más caótico de lo necesario. No establecer pausas, no dividir las tareas en pasos manejables o no delegar cuando es posible puede aumentar la sensación de descontrol y, con ello, el nivel de estrés.
Un fenómeno multifactorial
El estrés laboral no es solo una consecuencia de un entorno exigente, ni se debe únicamente a la personalidad del trabajador o a su forma de gestionar el tiempo. Se trata de un fenómeno multifactorial en el que interactúan elementos externos, internos y de gestión. Comprender esta complejidad es fundamental para poder abordarlo de manera efectiva y reducir su impacto en la salud y el bienestar de los trabajadores.
Si bien cada persona tiene una capacidad diferente para afrontar el estrés, es responsabilidad de las organizaciones garantizar condiciones laborales saludables y de los individuos desarrollar estrategias que les permitan manejar sus emociones y organizar su trabajo de manera eficiente. Solo a través de un enfoque integral se puede prevenir que el estrés laboral se convierta en un problema crónico con consecuencias tanto a nivel individual como organizacional.







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