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Estrategias para manejar el insomnio

  • Foto del escritor: Jorge Reyes García
    Jorge Reyes García
  • 17 nov
  • 5 Min. de lectura

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El insomnio es uno de los trastornos del sueño más frecuentes en la población general y constituye una de las quejas más habituales en consulta psicológica. Aunque todos podemos experimentar dificultades puntuales para dormir, cuando la incapacidad para conciliar o mantener el sueño se vuelve persistente, sus efectos comienzan a repercutir en la salud física, emocional y cognitiva. Comprender por qué ocurre y qué podemos hacer para abordarlo es fundamental para recuperar el bienestar y una adecuada calidad de vida.

Desde la psicología, el enfoque actual combina estrategias conductuales, de higiene del sueño y de regulación emocional, dejando la medicación como un recurso puntual y siempre bajo supervisión de un especialista.


Comprender el insomnio: más allá de “no puedo dormir”


El insomnio puede manifestarse de diferentes formas: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos prolongados, despertar demasiado temprano o sensación de sueño no reparador a pesar de haber dormido suficientes horas. Estas dificultades pueden ser consecuencia de múltiples factores:


  • Hábitos inadecuados de sueño, como horarios irregulares o consumo excesivo de estimulantes.

  • Estrés o activación cognitiva, con pensamientos persistentes que impiden desconectar.

  • Condiciones médicas o psicológicas, como ansiedad o depresión.

  • Entornos inadecuados, como ruido, luz excesiva o temperatura poco confortable.

  • Factores de estilo de vida, como uso excesivo de pantallas o una rutina poco estructurada.


Entender el origen del problema es importante, pero en muchos casos el insomnio se mantiene porque la persona adopta estrategias que, aunque bienintencionadas, terminan empeorándolo. Por ejemplo, pasar demasiado tiempo en la cama intentando dormir, dormir siestas largas o depender del móvil para “distraerse” del malestar. Por eso, el abordaje psicológico pone el foco en la higiene del sueño y en la reeducación del organismo para dormir de manera más natural.


La higiene del sueño: el pilar básico del tratamiento


La higiene del sueño es un conjunto de hábitos y condiciones que favorecen un sueño de calidad. Aunque parecen pautas sencillas, su impacto es muy significativo y suelen ser la base de cualquier intervención contra el insomnio.


Establecer horarios regulares

El ritmo circadiano, nuestro reloj biológico interno, necesita previsibilidad. Acostarse y despertarse todos los días a la misma hora, incluso los fines de semana, ayuda a regular este sistema. La irregularidad constante es uno de los factores que más cronifican el insomnio.


Evitar estimulantes y comidas pesadas

El consumo de cafeína, alcohol o nicotina cerca de la noche afecta directamente la calidad del sueño. Del mismo modo, las comidas copiosas o muy grasas dificultan la digestión y aumentan la probabilidad de despertares nocturnos.


Crear un ambiente adecuado

Dormir en un espacio fresco, ordenado, silencioso y con poca luz facilita la transición hacia el sueño. Cada persona puede ajustar la temperatura o la iluminación según su preferencia, pero la coherencia y el confort son esenciales.


Utilizar la cama solo para dormir

El cerebro aprende por asociación. Si la cama se utiliza para ver series, trabajar, comer o navegar por el móvil, el organismo deja de vincularla con el acto de dormir. Reservarla exclusivamente para el sueño y la intimidad refuerza el condicionamiento adecuado.


Desconectar del móvil: una necesidad para el descanso


El uso de pantallas, especialmente del teléfono móvil, es uno de los grandes enemigos del sueño en la vida contemporánea. Esto ocurre por varios motivos:


  • Luz azul: retrasa la producción de melatonina, hormona que indica al cuerpo que es hora de dormir.

  • Estimulación cognitiva constante: mensajes, redes sociales y contenido audiovisual mantienen la mente activa.

  • Activación emocional: noticias o conversaciones pueden generar preocupación o excitación.


Una recomendación eficaz es desconectar del móvil al menos entre 30 y 60 minutos antes de dormir. Este tiempo puede dedicarse a actividades más tranquilas como leer, estirarse, escuchar música relajante o simplemente preparar el entorno para descansar.


Algunas personas encuentran útil dejar el móvil fuera de la habitación o activarlo en modo avión. Se trata de reducir tanto la luz como la estimulación mental para permitir que el cuerpo entre en un estado de reposo.


Hábitos que favorecen un sueño saludable


Además de la higiene del sueño, existen hábitos diarios que contribuyen significativamente a reducir el insomnio. La psicología del sueño destaca los siguientes:


Rutinas relajantes

Realizar una rutina breve antes de ir a la cama —como ducharse con agua tibia, practicar respiración profunda o técnicas de relajación— ayuda a enviar una señal de calma al sistema nervioso.


Actividad física regular

El ejercicio moderado durante el día mejora la calidad del sueño. Es importante evitar la actividad intensa justo antes de dormir, ya que aumenta la activación fisiológica.


Control de estímulos

Esta técnica psicológica propone que la persona se levante de la cama si no logra dormir en unos 20–30 minutos. Permanecer tumbado sin dormir refuerza la asociación negativa entre cama e insomnio. Volver a la cama solo cuando reaparezca la somnolencia puede resultar muy eficaz.


Gestión del estrés y los pensamientos

Muchas veces la dificultad para dormir no proviene del cuerpo, sino de la mente. Practicar técnicas de mindfulness, escribir las preocupaciones antes de acostarse o trabajar con un profesional de la psicología para reducir la rumiación son estrategias útiles para disminuir la activación mental nocturna.


El papel de la medicación: necesaria en algunos casos, pero no siempre


Aunque el insomnio es un problema real y genera mucho malestar, la medicación no es la primera opción y debe usarse con precaución. Los fármacos hipnóticos o ansiolíticos pueden provocar sueño rápidamente, pero no resuelven las causas de fondo y, con el tiempo, pueden generar tolerancia o dependencia.


Por esta razón, el uso de medicación debe cumplir ciertos criterios:


  • Solo cuando sea necesaria: especialmente en casos de insomnio severo o cuando existe un trastorno asociado que requiera intervención farmacológica.

  • Durante un tiempo limitado: los tratamientos a largo plazo suelen perder eficacia y aumentar los riesgos.

  • Siempre pautada por un especialista: un médico debe evaluar la situación, indicar la dosis adecuada y supervisar el proceso.


La medicación puede ser útil como apoyo temporal mientras se trabajan hábitos, rutinas y estrategias psicológicas que generen cambios más estables.


Conclusión: el sueño se educa, no se fuerza


Manejar el insomnio requiere constancia, paciencia y un enfoque global. No se trata solo de dormir más, sino de permitir que el organismo recupere su ritmo natural. La higiene del sueño, la desconexión tecnológica, los buenos hábitos diarios y el trabajo psicológico sobre la activación emocional constituyen las herramientas más efectivas a largo plazo.

La medicación puede cumplir un papel puntual, pero la clave está en reeducar el cuerpo y la mente para que el sueño vuelva a ser un proceso natural. Con un acompañamiento profesional adecuado, la mayoría de las personas vemos en consulta que mejoran significativamente su descanso y recuperan la sensación de bienestar. Si el insomnio persiste o afecta de manera intensa, consultar con un psicólogo es el paso más recomendable.

 
 
 

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