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Claves para superar una ruptura

  • Foto del escritor: Jorge Reyes García
    Jorge Reyes García
  • 15 dic 2025
  • 5 Min. de lectura


Las rupturas de pareja forman parte de la experiencia humana y, aunque son muy frecuentes, no por ello resultan menos dolorosas. Pueden aparecer en cualquier etapa de la vida y afectar profundamente al bienestar emocional, a la autoestima y a la forma en que nos relacionamos con el mundo. Desde una perspectiva psicológica, superar una ruptura no significa “olvidar” rápidamente ni eliminar el dolor, sino transitar un proceso de adaptación que requiere tiempo, comprensión y cuidado personal. Vamos a ver algunas claves fundamentales para atravesar este proceso de una manera más saludable.


Darse permiso para estar mal


Uno de los errores más habituales tras una ruptura es intentar estar bien demasiado pronto. Vivimos en una cultura que valora la productividad y el control emocional, y eso puede llevar a minimizar el sufrimiento o a presionarse para “pasar página” cuanto antes. Sin embargo, es importante entender que el malestar inicial es una reacción normal y esperable. Tristeza, rabia, confusión, miedo o incluso alivio pueden aparecer de forma intensa en las primeras semanas.


Darse un tiempo para estar mal no es rendirse ni quedarse anclado en el dolor, sino reconocer que algo importante se ha perdido. Permitirse llorar, sentir vacío o tener días con menos energía forma parte de un proceso sano. Negar estas emociones o intentar evitarlas suele prolongar el sufrimiento a medio y largo plazo.


Comprender la ruptura como un proceso de duelo


Una ruptura es, en esencia, un duelo. No solo se pierde a la persona, sino también el proyecto compartido, las expectativas de futuro, los hábitos construidos en común y, en muchos casos, una parte de la identidad. Entenderlo como un duelo ayuda a normalizar lo que se siente y a tener una visión más realista del proceso de recuperación.

Como en cualquier duelo, no hay una línea recta ni un calendario fijo. Habrá avances y retrocesos, días mejores y otros más difíciles. Asumir esta oscilación evita frustraciones innecesarias y permite tratarse con mayor compasión. El objetivo no es “superar” rápidamente la ruptura, sino integrarla en la propia historia vital.


Validar las propias emociones


Validar las emociones implica reconocerlas como legítimas, sin juzgarlas ni intentar cambiarlas de inmediato. Sentirse triste no significa ser débil; sentir rabia no convierte a nadie en una mala persona; echar de menos no implica que la decisión haya sido equivocada. Todas estas reacciones tienen sentido en el contexto de una pérdida.


La invalidación emocional, ya sea propia o externa, puede generar sentimientos de culpa o vergüenza que complican el proceso. Frases como “no debería sentirme así” o “hay gente que está peor” no ayudan a elaborar el dolor. En cambio, aceptar lo que se siente, aunque resulte incómodo, facilita que las emociones vayan perdiendo intensidad con el tiempo.


Compartir lo que se siente con los demás


El aislamiento suele aumentar tras una ruptura, pero compartir las emociones con personas de confianza es un factor clave de protección. Hablar de lo que se siente permite ordenar la experiencia, sentirse acompañado y recibir apoyo emocional. No se trata de repetir constantemente la misma historia, sino de no llevar el peso del dolor en soledad.


Es importante elegir bien con quién se comparte. Personas que escuchen sin juzgar, sin dar consejos precipitados y sin presionar para “estar bien” suelen ser las más adecuadas. A veces, pedir ayuda profesional también es una opción valiosa, especialmente cuando el malestar es muy intenso o se prolonga en el tiempo.


Dejarse ayudar poco a poco


Aceptar ayuda puede resultar difícil, sobre todo para quienes están acostumbrados a ser autosuficientes. Sin embargo, una ruptura es un momento en el que el apoyo externo resulta especialmente necesario. Dejarse ayudar no implica perder autonomía, sino reconocer que atravesar un duelo es más llevadero cuando no se hace en solitario.

La ayuda puede adoptar muchas formas: compañía, apoyo práctico, escucha, orientación psicológica o simplemente la presencia de alguien que esté disponible. Aceptarla de manera gradual permite recuperar fuerzas y sentir que no todo depende exclusivamente de uno mismo.


Retomar cuanto antes la vida cotidiana


Aunque al principio cueste, retomar la vida normal lo antes posible es un elemento fundamental en la recuperación. Mantener rutinas, volver al trabajo o a los estudios, y recuperar actividades cotidianas ayuda a restablecer una sensación de continuidad y de control. La vida no se detiene tras una ruptura, y reconectar con esa realidad es parte del proceso de adaptación.


Esto no significa forzarse ni exigir un rendimiento inmediato, sino encontrar un equilibrio entre respetar el dolor y seguir adelante. Actividades que proporcionen estructura y pequeños momentos de satisfacción contribuyen a reducir la rumiación y a ampliar el foco más allá de la pérdida.


Cuidar las distintas áreas de la vida


Tras una ruptura, es fácil que toda la atención se centre en el ámbito afectivo, descuidando otras áreas importantes. Sin embargo, prestar atención a la vida familiar, profesional, social y personal actúa como un factor estabilizador. Mantener vínculos, responsabilidades y proyectos ayuda a preservar la autoestima y la identidad.


Cuidar el descanso, la alimentación y la salud física también es fundamental. El malestar emocional suele tener un impacto directo en el cuerpo, y atender estas necesidades básicas proporciona una base más sólida para la recuperación psicológica.


Estar atento a los pensamientos irracionales


Las rupturas suelen activar pensamientos automáticos de carácter negativo y absoluto, como “jamás encontraré a nadie”, “no volveré a ser feliz” o “sin esta persona no soy nadie”. Estos pensamientos, aunque comprensibles en un momento de dolor, no son hechos, sino interpretaciones influidas por el estado emocional.


Identificarlos y cuestionarlos es un paso clave. Preguntarse si realmente son ciertos, si se basan en pruebas o si reflejan más bien el miedo y la tristeza del momento permite tomar distancia. Sustituirlos por formulaciones más realistas y abiertas reduce el impacto emocional y favorece una visión más equilibrada del futuro.


Cortar el contacto para poder elaborar el duelo


Mantener contacto con la expareja suele dificultar el proceso de duelo. Mensajes, llamadas, encuentros “casuales” o seguir en contacto a través de redes sociales reactivan la herida y mantienen la esperanza de una reconciliación que impide avanzar. Por ello, cortar todo contacto es, en la mayoría de los casos, una medida necesaria para sanar.


Esto incluye pedir a personas cercanas que no proporcionen información sobre la otra persona y evitar buscarla activamente en redes sociales. Aunque al principio resulte muy difícil, esta distancia permite que el sistema emocional se calme y que la mente deje de estar constantemente anclada en la pérdida.


En definitiva, superar una ruptura es un proceso complejo que requiere tiempo, paciencia y cuidado. No existen atajos ni soluciones universales, pero sí actitudes que facilitan el camino. Darse permiso para sentir, comprender el duelo, apoyarse en los demás y protegerse de aquello que reabre la herida son pasos fundamentales para, poco a poco, recuperar el equilibrio y abrirse de nuevo a la vida.

 
 
 

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