La comunicación en la pareja
- Jorge Reyes García
- 7 abr
- 4 Min. de lectura

Uno de los pilares fundamentales en cualquier relación de pareja es la comunicación. Aunque esta afirmación es ampliamente conocida, muchas veces no somos del todo conscientes de lo que implica comunicarse bien ni del impacto profundo que tiene en la calidad de un vínculo de pareja. La comunicación no es solo lo que decimos, sino también cómo lo decimos, cuándo, con qué actitud y disposición. Y, sobre todo, cómo escuchamos y tratamos de entender a la otra persona.
En consulta, vemos con frecuencia que muchas de las dificultades que atraviesan las parejas no se originan en la falta de amor o compromiso, sino en los malentendidos, en la dificultad para expresar emociones o necesidades, y en la manera en que se interpretan (o se malinterpretan) las conductas del otro. La buena noticia es que la comunicación se puede entrenar y mejorar.
La empatía como punto de partida
La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de tratar de ver el mundo a través de sus ojos. Es uno de los componentes más importantes en la comunicación de pareja, porque no se trata solo de hablar y que nos entiendan, sino también de escuchar activamente y tratar de comprender cómo se siente la otra persona.
Ser empático no significa estar siempre de acuerdo con el otro, sino mostrar disposición para entender sus emociones, su historia y sus necesidades. Cuando hay conflictos (que los habrá, porque son parte natural de toda relación), la empatía ayuda a no quedarse únicamente en el enfado o la frustración, sino a mirar más allá y preguntarse: ¿cómo está viviendo esto la otra persona?, ¿qué necesita, qué le duele, qué le preocupa?
Separar los conflictos de la relación en su totalidad
Uno de los errores más comunes es confundir un momento de enfado o una discusión puntual con una señal de que la relación va mal. El conflicto es inevitable en cualquier pareja: es una parte natural del encuentro entre dos personas distintas, con formas de ser, de sentir y de pensar diferentes. La clave no es evitar los conflictos, sino aprender a gestionarlos con madurez.
Es importante recordar que un conflicto no define el estado general de la relación. Se puede estar en desacuerdo y, aun así, mantener el respeto, la conexión y el cuidado mutuo. En lugar de dramatizar cada malentendido o distanciamiento, es más útil mirarlos como oportunidades para crecer juntos, para ajustar dinámicas y conocerse mejor.
Honestidad y claridad emocional
La sinceridad es un valor esencial en cualquier relación. Pero no se trata solo de decir la verdad, sino de ser claros con lo que sentimos, necesitamos o deseamos. Muchas veces esperamos que la pareja “adivine” cómo estamos o qué necesitamos, y cuando eso no ocurre, nos frustramos o sentimos que no nos entienden. La realidad es que nadie puede leer nuestra mente.
Ser claro y honesto implica hablar desde uno mismo, usar mensajes en primera persona (“yo me sentí triste cuando…”, “yo necesito que…”), evitar culpas y reproches, y expresar nuestras emociones de forma constructiva. La transparencia fortalece la confianza y evita muchas confusiones y resentimientos.
Cuidar la comunicación no verbal
Más allá de las palabras, comunicamos constantemente a través de nuestro lenguaje corporal, el tono de voz, los gestos, las miradas, los silencios. La comunicación no verbal puede reforzar o contradecir lo que estamos diciendo. Por ejemplo, decir “no pasa nada” mientras cruzamos los brazos y evitamos la mirada puede generar más tensión que una frase honesta y abierta.
Ser conscientes de cómo nos expresamos corporalmente, y también estar atentos a las señales no verbales de nuestra pareja, nos permite sintonizar mejor con su estado emocional y mostrarnos más accesibles y cercanos.
La escucha activa: estar realmente presentes
Escuchar no es solo estar en silencio mientras el otro habla. Escuchar activamente implica prestar atención con todos los sentidos, sin interrumpir, sin pensar en lo que vamos a responder, sin juzgar ni anticiparnos. Es dejar espacio para que el otro se exprese, con calma, y hacerle sentir que lo que dice importa, que lo estamos escuchando de verdad.
Una técnica muy útil es la escucha reflejo: parafrasear lo que el otro ha dicho para comprobar si hemos entendido bien (“entonces, lo que te dolió fue que no te avisé antes, ¿es así?”). Este tipo de escucha genera una sensación de validación emocional muy poderosa.
Tiempo de calidad y conexión real
En la rutina diaria, es fácil caer en la inercia: hablar solo de lo urgente, compartir espacios sin verdadera presencia, convivir sin conectar. Por eso, dedicar tiempo de calidad a la pareja es una forma concreta de cuidar la comunicación. No se trata solo de cantidad de tiempo, sino de la calidad del encuentro: momentos en los que podamos mirarnos, hablar con calma, compartir lo que sentimos, reír, escucharnos sin prisas.
Es en esos espacios donde se fortalece el vínculo y se renueva la complicidad. La comunicación no solo resuelve conflictos, también alimenta la intimidad, el cariño y la sensación de ser vistos y acompañados.
Escucharse a uno mismo
Una parte fundamental de la buena comunicación es el autoconocimiento. Escucharnos a nosotros mismos, reconocer nuestras emociones, nuestras necesidades, nuestros límites. Si no estamos conectados con lo que sentimos, difícilmente podremos comunicarlo de forma clara.
A veces, incluso antes de hablar con la pareja, es útil preguntarnos: ¿qué estoy sintiendo realmente?, ¿qué necesito?, ¿qué me gustaría pedir? Esto evita caer en reacciones impulsivas o en reproches poco claros. Al mismo tiempo, al estar en contacto con uno mismo, podemos compartir desde un lugar más auténtico y menos reactivo.
Honestidad con uno mismo, empatía con el otro
Por último, la clave de una buena comunicación en pareja está en el equilibrio entre dos cosas: la honestidad con uno mismo y la empatía hacia el otro. Se trata de expresar lo que uno siente y necesita, pero también de abrirse a cómo se siente el otro, qué le pasa, qué teme, qué desea.
Ese equilibrio no siempre es fácil, pero cuando se cultiva, crea un espacio seguro en el que ambos pueden ser quienes son, sentirse comprendidos, y afrontar juntos los desafíos que vayan surgiendo. La buena comunicación no evita los problemas, pero sí permite abordarlos de una manera más consciente, respetuosa y constructiva.
Conclusión
La comunicación en la pareja no es solo una herramienta, es un arte que se va aprendiendo y afinando con el tiempo, con disposición, con compromiso. No se trata de hablar mucho, sino de hablar bien: con claridad, respeto, empatía y autenticidad. Y también de escuchar: al otro y a uno mismo.







Comentarios